A los siete años tuve que buscarme otro padre porque el mío
murió joven, 36 años.
Supe de la existencia de la muerte tan pronto que aquello ha
marcado mucho la forma de tomarme la
gran mierda que es. Nunca creí que la vida fuese un camino tortuoso para, al
morir, alcanzar la gloria divina y sentarse junto a ése ser etéreo que hacía y
deshacía a su antojo; siempre pensé que desapareces y punto, fin. Como Woody
Allen, estoy fuertemente en contra de ella…y más cuando es tan injusta, como lo
son muchas de las que, por un motivo u otro, me son cercanas. Empatizo con el dolor de mis
amigos, de mi gente, y sufro; aunque sé que no puedo hacer absolutamente nada…A
veces, por la distancia, ni abrazarlos puedo.
Lo que decía, me busqué un padre, (aunque con la madre que
tengo no hace falta nadie más, pues ella es la persona más grande, valiente, fuerte y
positiva que conoceré jamás) un padre sólo para mis momentos de ficción. Y no fue
por casualidad que el elegido fuese Eastwood:
había rodado películas en el desierto de Tabernas, cerca del lugar de mi
nacimiento, y vi la posibilidad de que mi madre hubiese tenido un romance con él, ¡yo qué sé por qué! Era muy pequeña, su
voz me encantaba y mi imaginación hizo el resto.
Hoy nos ha dejado la voz de mi Clint de infancia, cuando nada sabía yo de doblajes, versiones
originales y toda esa mandanga que, sin duda, prefiero desde hace ya unos
cuantos años.
La voz de Constantino
Romero ha estado siempre en nuestras vidas de cine, tele y radio. No hubo
mejor maestro de ceremonias para una Barcelona Olímpica que él. Y cuando en un
cine a oscuras, visionando El imperio contraataca
escuché la frase de….”Yo soy tu padre’’, me dije: tenía yo razón, lo es.
Hoy, la frase de Rutger
Hauer en Blade Runner se hace más
real que nunca: “Yo he visto cosas que
vosotros no creeríais..., atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C
brillar en la oscuridad cerca de la
puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán... en el tiempo... como
lágrimas en la lluvia... Es hora de morir.”
Tu voz no se perderá Constantino, transita por el espacio
junto a millones y millones y millones de voces queridas más. Los que os
marcháis de nuestro lado siempre seréis recordados por vuestras acciones, por
los felices momentos que nos habéis hecho disfrutar.
El cariño que se demuestra nunca muere.
Buen viaje a la siguiente galaxia, segundo padre.
